2.2. El celuloide
Para el cine de animación. El
celuloide es un material indispensable, pero en Japón no se fabricaba. Este
material comenzó a distribuirse con profusión en Estados Unidos a finales del
1914 con los trabajos de Earl Hurd, quien además, lo patentó.
Como producto de importación, el
celuloide era muy caro en Japón, y en consecuencia, en su lugar se empleaba una
especie de cartulina sobre la que se dibujaban los personajes, que luego se
recortaban y fotografiaban (sistema llamado cut out). Murata era un maestro de
esta técnica y no tenia nada que envidiar a sus competidores que utilizaban el
celuloide. Como título más representativo de la animación por cut out destaca
Tsuki no miya no Ojo sama (La reina del Castillo de la Luna, 1934).
El primero en utilizar en Japón
el tan preciado celuloide fue Kenzo Masaoka, nacido en una familia adinerada de
Osaka. Tras estudiar dibujo en una escuela de Artes, inicialmente entra en el
mundo del cine como actor, abandonando poco después en favor de la realización
de dibujos animados. Su primera película fue Nansensu monogatari Sarugashima (La
absurda historia de la isla de los monos, 1930), sobre un chico criado por una
mona. Masaoka realizó también la primera película de animación sonora, Chikara
to onna no yo no naka (Las mujeres y la fuerza mueven el mundo, 1932), donde
utiliza parcialmente el todavía caro, celuloide. Masaoka no escatimó en gastos
para aumentar la calidad de sus películas, y así desde Chagama ondo (El ritmo
de la tetera, 1934) empleará el celuloide para el total de sus obras.
Mientras que la mayoría de los
cineastas contemporáneos se dedicaron a hacer películas de propaganda bélica
para el ejército nacional, Masaoka realizó durante la guerra una obra de gran
poesía que hará olvidar las penurias de la época y que quedará para la
posteridad del género, Kumo to Churippu (La Tulipa y la Araña, 1944).

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