martes, 14 de mayo de 2013

2.6. Llega a la televisión


2.6. Llega a la televisión

Las primeras muestras de animación que se televisaron procedían de Estados Unidos, con gran popularidad entre el público infantil.

Toei Doga también se planteó la posibilidad de crear una entrega por semana de dibujos para la televisión, pero, una entrega por semana suponía un trabajo demasiado pesado para ser rentable, por lo que, abandonó la idea.

Sin embargo, Osamu Tezuka, al frente de Mushi Productions; decidió afrontar el reto que ello suponía; naciendo así la primera serie de animación japonesa, con entregas semanales de 30 minutos aproximadamente. El tema escogido fue el personaje de manga que el propio Tezuka había creado para aparecer semanalmente en la revista Shonen, el robot Tetsuwan Atom (Astroboy).

También de Tezuka fue Jungle Taitei (Kimba, el león Blanco), el primer anime a color y el primero en emitirse en España por la televisión española en 1969.

Aunque no fue hasta principios de los años setenta cuando comenzó el auge de las series de robots gigantes con Mazinger Z, que la animación puramente japonesa se dio a conocer en el resto del mundo.

Parte de estas series se exportaron, pero algunas de ellas resultaron problemáticas en países como Francia o Filipinas. También hubo series de carácter educativo basadas en la literatura occidental, algunas de ellas mundialmente conocidas como Heidi (Apurusu no shojo Hiji, 1974), El perro de Flandes (Furandudu no inu, 1975) o Marco de los Apeninos a los Andes (Haha wo tazunete sanzenri, 1976). De éstas, Heidi fue dirigida principalmente por Isao Takahata, mientras que el diseño de personajes y paisajes de los escenarios corrió a cargo de Hayao Miyazaki (autor de éxitos como La Princesa Monoke o El Castillo Ambulante). Incluso viajaron a suiza para buscar paisajes reales que luego pudieran utilizar. La serie se emitió en Italia en 1976, y de allí se exportó a España, por eso, muchos pensaron que se trataba de una producción italiana y no japonesa.


Los años ochenta son los que muchos nombran "los dorados del anime", debido al surgimiento de los reproductores de vídeo domésticos. Las productoras aumentaron en gran número sus listas de títulos producidos, y los compradores también aumentaron la demanda.

Ahora, la producción de títulos es más variada que nunca, abarcando los diferentes gustos del público. Las nuevas series animadas incorporan tecnologías digitales muy avanzadas, como por ejemplo InuYasha de Rumiko Takahashi (creadora también de Ranma 1/2), y la reedición con mejor calidad de audio y vídeo de series antiguas como Capitan Tsubasa (Campeones) o Saint Seiya (Caballeros del Zodíaco).

Finalmente, desde comienzos de esta década, películas animadas japonesas han ganado importantes premios como Sen to Chihiro no Kamikakakushi (El viaje de Chijiro) de Hayao Miyazaki que obtuvo un Oso de Oro en el festival de Cine de Berlín y un Oscar en 2003 como mejor película animada, o Haru no ugoku (El castillo Ambulante) de este mismo cineasta, que estuvo nominado a mejor película animada en los premios Oscar de 2006.

2.5. El comienzo del anime


2.5. El comienzo del anime


La historia del anime, comienza en la segunda década del siglo XX, con una serie de cortometrajes similares a los encontrados en otros países, influidos también por las obras de Disney en gran parte.

Pero el real comienzo de la animación japonesa está nuevamente a cargo de Ozamu Tezuka, con la versión animada de Astro Boy (Tatsuwan Atom), que fue vista en los hogares japoneses desde el primero de enero de 1963 y terminó la su emisión el 31 de diciembre de 1966.

domingo, 12 de mayo de 2013

2.4. Toei Doga


2.4. Toei Doga

En agosto de 1958 nació la más grande productora de cine de animación de Japón, Toei.

Hiroshi Okawa, presidente de la productora, se fija, en sus viajes al extranjero, en el cine de dibujos animados estadounidense, y decide poner los medios necesarios para el crecimiento en calidad del género en Japón hasta hacerlo exportable y competitivo. 
Hasta entonces, los productores japoneses de cine de animación contaban con instalaciones muy pobres y equipamientos reducidos, y en consecuencia no era posible realizar largometrajes tan notables como los occidentales, ni conseguirlos tampoco en longitud o volumen. 


Okawa, tras estudiar la situación del género en Japón, decide comprar la compañía Nichido Eiga de Sanae Yamamoto, pasando éste y sus 23 empleados a formar parte de Toei, creando así la subdivisión Toei Doga.

Okawa, al son de su lema favorito, "debemos convertirnos en la Disney de Oriente", construyó unos estudios de tres plantas con todas las facilidades modernas.

Toei Doga (que en 1998 cambió su nombre por el de Toei Animation), se adelantó a sus competidores al comenzar en 1993 la digitalización del proceso de animación, que sustituyó los largos procesos tradicionales y que hoy en día es empleada en la casi totalidad del género producido en Japón.

Por ello, a Okawa le corresponde no sólo el mérito de haber apostado por la animación japonesa consiguiendo de llevarla hasta un nivel que permitiera su exportación a todo el mundo, sino, también el de haber producido su digitalización, creando con ambas decisiones las bases para su crecimiento y difusión.